Las cicatrices de la crisis económica: crisis y salud mental

por ROSA URBANOS
(Universidad Complutense de Madrid)

El impacto de las crisis económicas sobre la salud física es, a priori, indeterminado. Por un lado, una disminución del ritmo económico puede reducir la contaminación ambiental y los accidentes de tráfico, mejorando así los indicadores de salud, y puede inducir asimismo comportamientos saludables (más ejercicio físico, por ejemplo). Pero también puede traducirse en un menor acceso a bienes y servicios básicos como consecuencia de la disminución de ingresos, y derivar en distintos problemas de salud (por ejemplo, obesidad por cambio en las pautas de alimentación). La literatura al respecto ofrece resultados no concluyentes, que dependen de cada episodio de crisis, y de las coordenadas espacio-temporales en las que tiene lugar. En cambio, hay muchas más evidencias del impacto negativo que las crisis económicas tienen sobre la salud mental.

Un buen número de estudios científicos ha documentado la relación existente entre las crisis económicas (incluyendo esta última) y la aparición de trastornos mentales. Uno de los trabajos españoles más citados a este respecto calculaba que, entre 2006 y 2010, la proporción de pacientes que visitaban al médico general por problemas de depresión había aumentado un 19,4%; un 8,4% por ansiedad, y un 4,6% por trastornos relacionados con el abuso de alcohol 1. Y que aproximadamente un tercio del riesgo de padecer problemas de salud mental que se registraba en España en la población que acudía a las consultas de atención primaria podía atribuirse a la situación de desempleo y a las dificultades para hacer frente a las hipotecas. Se sabe, además, que es el desempleo de larga duración el que se asocia más intensamente al estrés, la angustia o la depresión. En 2012, Este tipo de trastornos, no obstante, no se asocian únicamente a estar desempleado, sino también a la inseguridad laboral en un contexto de dificultades financieras, aunque su impacto difiere en función del tiempo transcurrido en situación de inseguridad.

Es fácil entender que la imposibilidad para hacer frente a los pagos y/o la incertidumbre acerca de si podrán cubrirse las necesidades básicas (personales y familiares) genere angustia o estrés, especialmente en entornos en los que los sistemas de protección social frente al desempleo son más débiles. Además el paro, considerado un estigma social, puede afectar al núcleo de autoestima y seguridad de las personas, sobre todo cuando éstas no atisban una salida próxima a su situación. Por otra parte, las circunstancias que viven algunos individuos en momentos de crisis económica pueden exacerbar, e incluso desencadenar, las tendencias suicidas. Algunos datos sugieren que la Gran Recesión se ha traducido en un repunte del número de suicidios en distintos países, particularmente entre los hombres, sobre todo en aquellos lugares donde la crisis ha sido más profunda. En España, la tasa de suicidios estandarizada por edad en 2008, 2009 y 2012 fue, respectivamente, un 5,7%, un 3% y un 2,7% superior a la registrada en 2007, el último año pre-crisis 2. En algún caso, además, se ha establecido una asociación significativa entre desempleo e intentos de suicidio. Así, las tasas de paro parecen explicar casi la mitad de los intentos de suicidio de la población masculina andaluza entre 2008 y 2012 3.

Los efectos de la crisis no son necesariamente iguales para todos. Algunos trabajos indican que el deterioro de la salud mental durante los últimos años ha sido mayor en los hombres que en las mujeres, mayor en los trabajadores manuales que en el resto de categorías ocupacionales, y más frecuente en los mayores de 35 años, aunque también se ha documentado un deterioro significativo en la salud mental de los más jóvenes 4. Además, la exposición al desempleo cuando se es joven parece aumentar la probabilidad de sufrir problemas de salud mental en la mediana edad, lo que hace pensar que los efectos de la crisis se harán notar también a largo plazo.

Las repercusiones económicas de este fenómeno no pueden ignorarse. El aumento de los trastornos como la ansiedad o la depresión, además de implicar una evidente pérdida de bienestar en los afectados y su entorno más próximo, genera otra serie de costes derivados del aumento potencial de las consultas médicas, las pérdidas de productividad debidas a las bajas laborales, la incapacidad o la muerte prematura, y el mayor consumo de psicofármacos. Por ejemplo, los datos de las Encuestas de Salud 2006 y 2012 indican que entre ambos años el porcentaje de personas que habían consumido tranquilizantes, relajantes y pastillas para dormir en las dos semanas previas a la entrevista aumentó un 13,5% en los hombres y un 19,8% en mujeres (aunque no todo ese aumento deba atribuirse a la crisis).

La crisis económica pasará, pero dejará sus cicatrices. Habrá que esperar un tiempo hasta conocer las consecuencias totales de la crisis en la salud mental de las poblaciones, que en todo caso se verá afectada por cómo se configuren las nuevas reglas del juego social y económico (¿cómo quedará la red protectora del Estado del Bienestar?; ¿cómo se verá modificado el funcionamiento del mercado laboral?; ¿hasta qué punto se verá perjudicado el capital social?; etc.). Mientras tanto, convendría plantearse la necesidad de establecer estrategias de prevención y/o seguimiento de los principales problemas de salud mental asociados a la crisis, particularmente en grupos vulnerables como el que representan los desempleados.


notas

(1) Gili M. et al. (2012). The mental health risks of economic crisis in Spain: evidence from primary care centres, 2006 and 2010. European Journal of Public Health, vol. 23(1):103-8.

(2) Ruiz-Perez I. et al. Economic crisis and suicides in Spain. Socio-demographic and regional variability. European Journal of Health Economics (2016), DOI 10.1007/s10198-016-0774-5

(3) Córdoba-Doña JA. et al. Economic crisis and suicidal behavior: the role of unemployment, age and sex in Andalusia, Southern Spain. International Journal for Equity in Health (2014) 13:55

(4) Bacigalupe A. et al. The impact of the Great Recession on mental health and its inequalities: the case of a Southern European region, 1997–2013. International Journal for Equity in Health (2016) 15:17